En un clima donde la política muchas veces se muestra distante de la gente, el Movimiento a Afirmaciòn Yrigoyenista apuesta a recuperar una de las tradiciones más genuinas del sentir popular: el truco. En ese marco, se organiza el único campeonato oficial de este juego tan argentino dentro del seno partidario, con un fuerte componente simbólico y emotivo.
El torneo se realiza en homenaje a un militante profundamente arraigado en la historia radical, hijo de la ex concejal Valdez, conocida en el barrio Paikyn como “la gorda”. Su figura está marcada por vivencias intensas en tiempos difíciles: durante la dictadura, acompañó junto a su madre visitas a detenidos políticos del barrio, entre ellos al ex presidente de la Cámara de Diputados, Rubén Rafael Sotelo. Esa experiencia forjó una identidad militante atravesada por la defensa de la democracia y el compromiso político desde temprana edad.

Con los años, ese espíritu se transformó en vínculos, amistades y una tradición que hoy se mantiene viva a través de este campeonato. Porque si hay algo que une a los argentinos más allá de las diferencias, es una partida de truco, donde se mezclan picardía, estrategia y compañerismo.
En esta edición, el torneo suma un condimento especial: la participación de distintos espacios internos del radicalismo. Se prevé la presencia de Convergencia Social, con referentes cercanos a Ángel Rozas; Encuentro Cívico, que tendría entre sus figuras a Salón, Funes y Domínguez; y también Somos Parte, donde no se descarta la participación del actual intendente Roy Nikisch. A su vez, el espacio NEA, históricamente vinculado a Aída Ayala, podría sumar representantes del interior provincial.
Quedaría al margen, según trascendió, el grupo liderado por Alicia Ogara, en lo que se define como un evento estrictamente cultural y de confraternidad.
Más allá de quién gane o pierda, el campeonato busca consolidarse como un espacio de encuentro entre militantes de base y dirigentes, donde la política se viva desde otro lugar: el de la cercanía, el respeto y la memoria compartida. Un reconocimiento que no está en estatuas ni placas, sino en el recuerdo y el afecto de quienes comparten una historia común.
Y como dicta la tradición, entre señas, cantos y desafíos, también quedará una pregunta flotando en el aire: quién tendrá, esta vez, el verdadero ancho de espada.