En la política chaqueña hay fenómenos que no dejan de sorprender. Uno de ellos es la notable capacidad de ciertos funcionarios provinciales para crear casi de la nada sus propios “monstruos” opositores. Lo que debería resolverse con diálogo, consenso y una mínima lectura estratégica, termina muchas veces convertido en conflictos innecesarios que fortalecen a quienes pretendían debilitar.
Si uno apelara a una metáfora cinematográfica, podría decir que algunos sectores del oficialismo parecen operar desde el “lado oscuro”, una lógica más cercana al conflicto que a la construcción. Paradójicamente, esa misma energía, bien canalizada, podría posicionar al gobierno en un lugar de fortaleza política y gestión eficiente.
El primer caso resonante fue el de los medios digitales. Un programa preexistente, de escasa audiencia y emisión marginal, terminó transformándose en un fenómeno. ¿Cómo? A partir de decisiones apresuradas en los inicios de la gestión, reuniones anticipadas y una determinación que terminó siendo más emocional que estratégica: sacarlo del aire y despedirlo

El resultado fue exactamente el contrario al esperado. El periodista afectado capitalizó el error oficial, fortaleció su presencia y hoy se ubica entre los programas más vistos de la provincia. Pasó de tener apenas 120 seguidores a superar los 42.000, expandiéndose además en plataformas como TikTok y consolidando una audiencia que no para de crecer. Lo que nació como un intento de disciplinamiento terminó convirtiéndose en un trampolín.
Pero la historia no terminó ahí. En el ámbito sanitario, otro episodio expone la misma lógica. El caso del médico que denunció la presencia de una falsa profesional en la región de Machagai encendió alarmas y, al mismo tiempo, ofrecía una oportunidad política clara: respaldar la denuncia, ordenar el sistema y capitalizar la respuesta institucional.
Sin embargo, ocurrió lo contrario. El silencio inicial, la falta de respaldo explícito y decisiones internas que parecieron más castigo que reconocimiento generaron un nuevo foco de conflicto. Cambios de autoridades sin explicaciones claras, desplazamientos de figuras sin objeciones formales y una estrategia comunicacional que evitó incluso mencionar al denunciante terminaron por alimentar la tensión.
El resultado: lo que podría haber sido un caso ejemplar de gestión, se convirtió en un nuevo “monstruo político”. Y no uno menor. El médico en cuestión no solo cuenta con respaldo social, sino que además tiene peso territorial y antecedentes recientes que lo posicionan dentro de la interna radical, incluso superando a referentes alineados con el propio gobernador en instancias electorales.
A esto se suma un dato no menor: la colaboración de un municipio golpeado por la caída de recursos, que termina sosteniendo infraestructura clave para el funcionamiento sanitario. Un gesto que, lejos de ser capitalizado políticamente, queda diluido en medio de internas y decisiones erráticas.
La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿cuántos “monstruos” más se crearán de aquí a las elecciones tambien por no cumplir con los aliados,y toda la gente que confió y se siente defraudada.
Porque si algo queda claro es que, en Chaco, algunos conflictos no nacen de la oposición… sino de los propios errores del poder.