En la provincia del Chaco no solo se exportan sandías. También, cada tanto, aparecen personajes que logran notoriedad por vías poco claras y cuya forma de vida resulta, cuanto menos, difícil de explicar.
En los últimos días volvió a tomar visibilidad en redes sociales un individuo conocido por recorrer las calles en bicicleta, con un parlante a todo volumen, profiriendo insultos contra el Presidente y distintos funcionarios, mientras viste un supuesto uniforme militar. Para muchos puede parecer una excentricidad más del folclore urbano. Sin embargo, quienes lo conocen desde hace años sostienen que este tipo de conductas no son nuevas: forman parte de un patrón reiterado de provocación y exposición.

No es la primera vez que intenta irrumpir en escenarios políticos. En 2023, durante una reunión de candidatos del CER en Sáenz Peña, ya había protagonizado un episodio similar, despotricando contra quienes en ese momento eran candidatas a la Vicegobernación y a la intendencia local. Un antecedente que, lejos de ser aislado, confirma una conducta sistemática.
Pero el problema deja de ser anecdótico cuando se cruza una línea mucho más grave: la impostura. En sus recientes apariciones, este personaje no solo busca el escándalo, sino que además se arroga méritos que no le corresponden. Se presenta, incluso, como excombatiente de Malvinas.
Se trata de una afirmación extremadamente sensible y fácilmente verificable. Los registros oficiales son claros y públicos: existen únicamente dos personas con el apellido Mercante reconocidas como excombatientes, con documentos que no guardan ninguna relación con quien hoy hace estas declaraciones. A esto se suma que, ante consultas realizadas al ex Distrito Militar Chaco, no existe registro alguno de esta persona como integrante de la clase 62.

Hacerse pasar por excombatiente no es un detalle menor. Es una falta grave desde lo moral y lo social. Implica apropiarse de una historia de sacrificio, dolor y entrega que pertenece exclusivamente a quienes realmente estuvieron en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur.
Por eso, ya no alcanza con el show ni con el escándalo permanente. Este individuo debe dar explicaciones concretas: dónde prestó servicio, en qué unidad, en qué zona del TOM estuvo. Y si no puede hacerlo, corresponde que deje de utilizar símbolos y relatos que no le pertenecen.
Porque cuando la provocación se convierte en mentira, y la mentira en impostura, ya no estamos ante un simple personaje excéntrico. Estamos ante alguien que, deliberadamente, mancha un uniforme y falta el respeto a la memoria de quienes sí dieron todo por el país.