De las Maestras Flor de Ceibo a Érica Torres y Nanci Godoy: décadas de distancia, una misma deuda con quienes enseñan en el campo

Las docentes que llevaron la educación a los parajes más alejados del país, las dificultades históricas para cubrir escuelas rurales y dos asesinatos que conmocionaron al nordeste argentino vuelven a poner en discusión el papel del Estado. Érica Beatriz Torres fue asesinada en Chaco en mayo de 2024 cuando intentaba llegar a su trabajo. Nanci Estela Godoy, directora suplente de una escuela rural de Corrientes, fue encontrada sin vida en octubre de 2026. Detrás de ambas historias aparece una realidad que atraviesa generaciones: enseñar en zonas rurales también puede significar enfrentar aislamiento, falta de transporte y desprotección.


La historia de la educación rural argentina está llena de mujeres que hicieron de la docencia mucho más que una profesión. En muchos casos, llegar al aula significaba recorrer caminos de tierra, atravesar montes, depender de algún vecino para trasladarse o permanecer durante días en comunidades donde la presencia del Estado era limitada.

En las décadas de 1950 y 1960, esa realidad también atravesaba al Chaco. La necesidad de garantizar educación en los parajes más alejados llevó a implementar distintas políticas de formación y cobertura docente. En ese contexto aparecen las denominadas Maestras y Maestros Flor de Ceibo, una expresión asociada a personas habilitadas para ejercer la enseñanza sin contar con el título formal de maestro normal durante el primer peronismo.

La denominación tuvo posteriormente una fuerte carga política y despectiva. Pero detrás de aquella discusión sobre títulos y habilitaciones existía una necesidad concreta: que los chicos de los lugares más apartados también pudieran acceder a la educación.

Chaco y las maestras que debían llegar hasta el monte

La preocupación por la educación rural no era ajena a la provincia. En 1950, el entonces gobernador Juan H. Caesar planteó ante la Legislatura la necesidad de formar docentes especializados en prácticas rurales. Incluso anunció el envío de diez maestras al Instituto Superior del Hogar Agrícola de Bolívar, en Buenos Aires, para recibir capacitación.

En 1951 se creó el cargo de Maestras Orientadoras de Enseñanza Rural, destinado a docentes con formación especializada y funciones de asesoramiento en el territorio provincial.

Eran experiencias diferentes de las denominadas Flor de Ceibo, pero ambas permiten reconstruir una etapa en la que el Estado buscaba resolver la falta de docentes y extender la educación hacia las comunidades rurales.

La escuela representaba mucho más que un edificio. En numerosos parajes era uno de los pocos espacios de presencia institucional, encuentro comunitario y acceso a derechos.

Érica Torres: asesinada cuando intentaba llegar a su trabajo

El 24 de mayo de 2024, la provincia del Chaco quedó conmocionada por el asesinato de Érica Beatriz Torres, de 45 años, quien trabajaba como bibliotecaria en la Escuela N.º 266 de Charata.

Para llegar a su lugar de trabajo, Érica había dejado su motocicleta en una estación de servicio ubicada en el cruce de las rutas 89 y 6 y esperaba conseguir transporte haciendo dedo.

Un hombre que circulaba en una camioneta Ford F-100 se ofreció a llevarla. El viaje terminó en una tragedia. La mujer fue atacada y abandonada en un camino rural de la zona de Los Pinos, entre Charata y Las Breñas. Fue encontrada con múltiples heridas de arma blanca y murió posteriormente en el hospital.

Por el crimen fue detenido Juan Marcelo Cáceres, quien confesó el ataque, según las crónicas periodísticas de aquellos días.

Su asesinato expuso una realidad que muchas docentes del interior conocían de primera mano: la falta de transporte público adecuado y la necesidad de recurrir a vehículos particulares o desconocidos para llegar a las escuelas.

Después del crimen, compañeros y organizaciones docentes reclamaron justicia y medidas concretas para garantizar la seguridad y movilidad de quienes trabajan en establecimientos alejados.

Érica no estaba atravesando un camino rural por una excursión ni por una elección recreativa. Estaba intentando llegar a cumplir con su trabajo.

Nanci Godoy: una escuela en medio del aislamiento

Dos años y cinco meses después, otra historia volvió a conmocionar al nordeste argentino.

Nanci Estela Godoy, de 52 años, se desempeñaba como directora suplente de la Escuela Rural N.º 626 del paraje El Malezal, en el departamento correntino de Esquina.

Para llegar al establecimiento debía atravesar la estancia El Curupí y completar el último tramo del recorrido a caballo, durante varias horas, por una zona de monte, bañados y caminos de difícil acceso.

La docente había denunciado las condiciones en las que funcionaba la institución. Según la documentación y los antecedentes difundidos durante la investigación, cuestionó el estado edilicio, la falta de agua, los sanitarios inutilizables y la situación administrativa de la escuela.

También había señalado irregularidades relacionadas con la asistencia del director titular y la falta de controles de las autoridades educativas.

Después de permanecer desaparecida durante 21 días, su cuerpo fue encontrado el 28 de octubre de 2026 en una zona rural de difícil acceso.

La investigación judicial se orientó hacia un presunto femicidio. Al cierre de esta nota, cinco personas permanecían detenidas, cuatro con imputaciones vinculadas al homicidio y una por falso testimonio. La responsabilidad penal de cada una deberá determinarse judicialmente.

Tres momentos históricos y una pregunta sobre el Estado

Las Maestras Flor de Ceibo, las maestras orientadoras rurales del Chaco, Érica Torres y Nanci Godoy pertenecen a momentos históricos y realidades diferentes. No corresponde equiparar sus circunstancias ni afirmar que todas las docentes rurales de aquellos años pertenecían a una misma categoría.

Sin embargo, sus historias permiten abrir una discusión que atraviesa generaciones.

En los años cincuenta, el desafío era conseguir docentes para que los chicos de los parajes no quedaran excluidos del sistema educativo. En 2024, Érica Torres perdió la vida cuando intentaba conseguir transporte para llegar a la Escuela N.º 266. En 2026, Nanci Godoy terminó siendo víctima de un crimen mientras se desempeñaba en una escuela ubicada en una zona de aislamiento geográfico.

No se trata de afirmar que la falta de transporte o las condiciones rurales expliquen por sí mismas esos asesinatos. Los crímenes tienen responsables individuales y deben investigarse y juzgarse. Pero sí corresponde preguntar qué medidas de prevención, acompañamiento y protección existen para quienes trabajan en esos territorios.

¿Quién garantiza el traslado seguro de una docente que debe recorrer kilómetros para llegar a una escuela? ¿Quién controla que los establecimientos rurales tengan agua, sanitarios y condiciones dignas? ¿Quién responde cuando una trabajadora denuncia irregularidades y no obtiene soluciones? ¿Qué protocolos existen para quienes deben permanecer en lugares alejados y con escasa comunicación?

La vocación no puede reemplazar las obligaciones del Estado

Durante décadas, miles de maestros y maestras sostuvieron la educación en lugares donde las condiciones materiales eran adversas. Muchos hicieron esfuerzos personales para que los chicos pudieran aprender, incluso cuando la infraestructura y los servicios no acompañaban.

Pero la vocación docente no puede convertirse en una excusa para que el Estado se desentienda de sus obligaciones.

Una maestra no debería tener que hacer dedo para llegar a trabajar. Una directora no debería tener que recorrer durante horas caminos aislados sin garantías de seguridad. Una escuela no debería depender del esfuerzo individual de sus trabajadores para contar con agua, sanitarios y condiciones mínimas de funcionamiento.

Recuperar la historia de las Flor de Ceibo y de las maestras rurales también significa reconocer que la educación llegó a los rincones más alejados gracias al compromiso de personas que muchas veces trabajaron en soledad.

Érica Torres y Nanci Godoy dejaron historias que hoy interpelan a las autoridades educativas, a los gobiernos y a toda la sociedad.

Pasaron más de seis décadas desde aquellas primeras políticas de expansión de la educación rural. Cambiaron los gobiernos, las leyes y los sistemas educativos. Pero hay una deuda que sigue pendiente: que ninguna docente tenga que poner en riesgo su vida para garantizar el derecho de los chicos a aprender y por una necesidad laboral de llevar comida a su familia en el caso de las Flor de seivo a sus padres y hermanos y después a sus familias hijos hermanor etc.