En los pasillos del poder ya no se habla en potencial. En el Gobierno hay definiciones tomadas, antecedentes que inquietan y una fecha electoral que vuelve a encender alarmas. Mientras tanto, el Partido Justicialista transita una interna cruda, fragmentada y atravesada por una pregunta central: ¿habrá unidad real o se repetirá la historia de acuerdos miserables que siempre terminan beneficiando al oficialismo?
El clima político entró en una etapa decisiva. Ya se habla abiertamente de candidaturas y en el Gobierno aseguran que las decisiones están tomadas. Pero hay un dato que preocupa incluso dentro del oficialismo: el antecedente del calendario electoral, una herramienta que ya fue utilizada y que podría volver a condicionar el escenario democrático.
En el Partido Justicialista el panorama es todo menos homogéneo. Hoy se distinguen tres corrientes bien marcadas.
Una, comandada por el ex gobernador, con un supuesto respaldo a un diputado recientemente incorporado al PJ.
Otra, encabezada por quien logró dos bancas en la Legislatura provincial, consolidando un armado propio con volumen político.
Y una tercera línea que responde al histórico militante del CER, con base territorial y trayectoria.
Dentro de ese mapa interno, dos liderazgos aparecen claramente definidos: Magda y Gustavo. Sin embargo, en las huestes del ex gobernador irrumpió una figura que altera el equilibrio: Penci Morante, ex ministro, ex diputado nacional y ex presidente del INSSSEP. Su aparición no pasó desapercibida y ya genera movimientos, especulaciones y resistencias.

La pregunta que empieza a circular con fuerza es inevitable:
¿Será Morante el candidato de consenso capaz de unificar al PJ y sacarlo de la miseria política que históricamente rodea los acuerdos internos?
¿O se trata apenas de otra jugada táctica para preservar espacios de poder?
El contexto electoral agrega más tensión. Según se viene desarrollando el escenario, la actual oposición ha reducido notablemente los guarismos que llevaron al actual gobernador a la victoria. Incluso, con todo el respaldo nacional, el oficialismo terminó en un empate técnico, un dato que el poder no ignora.
A esto se suma un factor explosivo: con los llamados “gerentes de la pobreza” ya detenidos y casos de femicidios que sacuden la agenda pública, en los próximos días podrían comenzar a moverse los primeros expedientes judiciales que involucran a funcionarios del gobierno actual. Un frente judicial que amenaza con alterar cualquier estrategia electoral.
En ese marco, la militancia del PJ se formula una pregunta que nadie responde con claridad:
¿Morante puede ser la síntesis de la unidad para recuperar el gobierno?
¿O el peronismo volverá a regalar una elección por mezquindades internas?
Y el cierre vuelve siempre al mismo punto crítico: la fecha de las elecciones provinciales. No hay que olvidar cómo y cuándo el gobernador decidió el calendario electoral. Si se repitiera la misma lógica, muchos no dudan en calificarlo como una aberración democrática.
El reloj corre. Las candidaturas se ordenan. La justicia empieza a moverse.
Y mientras el poder juega con los tiempos, el PJ enfrenta su dilema histórico: unidad real o una nueva derrota anunciada.