En democracia, cualquier ciudadano tiene derecho a postularse a un cargo electivo. Sin embargo, quien decide ocupar una banca en un Concejo Deliberante tiene la obligación moral, política e institucional de prepararse para ejercer esa responsabilidad.

Las improvisaciones permanentes son precisamente las que nos condujeron al estancamiento que padecen muchas comunidades del interior. La política dejó de ser una herramienta de transformación para convertirse, en demasiados casos, en un espacio ocupado por improvisados que hablan mucho y estudian poco.
El Concejo Deliberante no es un club de opinión ni una oficina de acusación de funcionarios. Es el órgano encargado de legislar, controlar y generar el marco jurídico necesario para el desarrollo de una localidad.
En General Pinedo ocurre una situación preocupante: un concejal pretende dar cátedra jurídica a los medios de comunicación sobre las facultades del Tribunal de Cuentas, motivado por un expediente que involucra a funcionarios del Departamento Ejecutivo Municipal.
Lo alarmante no es la defensa política en sí misma, sino la ignorancia con la que se construye ese discurso.
Desconocer el funcionamiento del Tribunal de Cuentas y afirmar públicamente que "el Tribunal de Cuentas no condena" constituye una demostración preocupante de desconocimiento institucional. La Ley Provincial N.º 831-A (ex Ley 4.159) establece claramente las atribuciones de ese organismo solo le bastaba leer el artículo 52 y otros que contempla la emisión de fallos que pueden determinar responsabilidades patrimoniales, los cuales, como cualquier resolución administrativa o judicial susceptible de revisión, pueden ser recurridos por las vías correspondientes.
No se trata de una cuestión de interpretación ideológica sino de lectura básica de la normativa vigente.
Más grave aún resulta que quien ocupa una banca legislativa ni siquiera se asesore adecuadamente antes de realizar afirmaciones públicas. Un concejal no está para repetir consignas ni para levantar la mano siguiendo órdenes políticas; está para estudiar, debatir y legislar.

La situación adquiere una dimensión aún más delicada cuando se observan los números que surgen del expediente en cuestión. Existen reparos y cargos por aproximadamente 1.385 millones de pesos, mientras que el municipio recibió durante ese mismo período alrededor de 1.027 millones de pesos.
La pregunta surge de manera inevitable: ¿durante ese año no se pagaron salarios, combustibles, cubiertas, servicios ni ningún otro gasto operativo? Hasta la persona menos experimentada en administración pública entiende que existen inconsistencias que merecen una explicación seria y profunda.
En lugar de contribuir a esclarecer las dudas, algunos dirigentes optan por desacreditar a las instituciones de control y minimizar su función, degradando organismos cuya existencia es fundamental para la transparencia del Estado.
General Pinedo no necesita funcionarios dedicados a confrontar con la prensa ni a construir relatos defensivos. Necesita dirigentes preparados, capaces de comprender las normas que regulan la administración pública y de ejercer su función con responsabilidad.
La formación no es opcional cuando se administra dinero de todos los ciudadanos.
Y un consejo adicional: antes de intentar desacreditar a quienes investigan, sería saludable dedicar más tiempo a leer, instruirse y comprender las herramientas que hoy utilizan, incluso la inteligencia artificial. Porque si no se domina lo más elemental de la tecnología y del funcionamiento institucional, difícilmente se pueda legislar con seriedad.
Por último, una aclaración cultural que también parece necesaria: "P.D." significa Posdata, una fórmula utilizada históricamente en la correspondencia escrita.
Quizás haya llegado el momento de dejar de poner palos en la rueda por mandato político y comenzar a trabajar para los vecinos dejat el chatGpt si no sabe como manejarse con la IA . Porque el ridículo permanente ya no perjudica solamente a quien lo protagoniza; termina deteriorando la credibilidad de todas las instituciones que representa.
Fuente: La Perla del Oeste